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jueves, 8 de octubre de 2009

EL VERBO (CASI) OLVIDADO EN LA POESIA

Cualquiera que se eche un clavado en la poesía de Machado, del rey Nezahualcóyotl, y más contemporáneamente de Octavio Paz, Nicolás Guillén, Jaime Sabines o Pablo Neruda, encontrará con dificultad una inclusión de alguna de las conjugaciones del verbo ayudar.

No soy sociólogo o psicólogo pare explicar esto. Quizá se necesite ser poeta para comprenderlo, o tratar de estar en los zapatos del artista.

Porque la poesía es arte. Yo en lo personal, la asocio completamente con la pintura: capacidad de plasmar en papel la sensación y consciencia de la realidad o realidades –algunas de las cuales podrán ser verificables, otras no-. Yo entiendo que esa ausencia del verbo “ayudar” en la poesía probablemente se deba a que el arte es forma de expresión de uno.

En la vida se sufre solo, se goza en soledad; uno aprende solo, llora solo, experimenta solo. Me refiero a que lo que yo experimento no lo experimenta nadie más, en el sentido más estricto de la palabra. Y así de dramático el asunto, a la hora de pintar o de escribir, el artista muestra esa casi tragedia de la existencia humana: o “necesita” al otro(a) para vivir, o el haberlo(a) conocido fue la más grande –o peor- experiencia hasta ese momento vivida, o no hay belleza comparable a la de sus ojos, o al hecho de estar con él o ella.

La solidaridad -ayuda-, entonces, queda lejana. Pero me he topado con que uno de los poemas más antiguos de la historia ubica en un lugar preponderante la acción del verbo ayudar en una de las narraciones más conocidas y quizá, más importantes para los estudiosos de todas las épocas.

El libro del Génesis (Gn. 2, 20-21) menciona que la mujer fue creada para ayuda del hombre. Y ayuda en condición de igualdad. Para mí esto es un descubrimiento. Porque suelo divagar en la forma de pensar de los artistas. He creído que a la mujer se le debe admirar, observar, escuchar.

Me he quedado –limitadamente-, debido en gran medida a la enseñanza eclesial que he recibido, en que es complemento del hombre (visión que corre el riesgo de convertirse, a la postre, en bastante pragmática o funcional). Y hasta ahora vengo a percatarme que primordialmente es su ayuda -como el hombre la de ella-.

Sí. Somos débiles. Necesitamos ayuda. Somos ignorantes, requerimos el consejo, y demás cosas, que requieren ser removidas porque sobran o porque perjudican. La pareja es pues, nuestra ayuda para eso; y nosotros, la de ella. Buena noticia, sobre todo para aquéllos que luego no le ven razón o sentido a su existencia.

Una incorrecta lectura del Génesis, me había venido diciendo todos estos años que la mujer fue creada porque “no es bueno que el hombre esté solo” (Gn. 2, 18-19). Ese preciso pasaje está antes del de la creación de la mujer, cuando Dios creó a los animales. Ya veo que Dios le da más importancia a la solidaridad que a la mera compañía. Qué demostración más esperanzadora hoy en día, y en este mundo.

miércoles, 12 de agosto de 2009

CONVERSACIÓN CON ISAAC

Cuando leí el penúltimo artículo de Isaac, me di cuenta que su sentir acerca de las formas de expresión era prácticamente igual al mío. Algo así como ser cosanguíneos en el espíritu.
Pero no sólo su sentir, también su pensar. Ahí más bien quisiera coincidir. No es que piense muy diferente a él. No sé a cuántas tonalidades esté de distancia su pensamiento del mío, pero el estar determinado a hacer las cosas porque ésas son las que nos gustan, ése me parece el ideal a buscar.

Igualmente, su tesis acerca del no buscar el reconocimiento. Lo cual me hizo recordar otro poema que dice:

No quiero la gloria.
La gloria es envidia,
quimeras, engaños e intranquilidad.
Yo ahorraré a la historia
banal, mi memoria.
Más que los aplausos
-engañosa escoria-
amo un cetro augusto:
la tranquilidad.

No quiero que el mundo
corone mi frente.
Yo quiero ser fuente,
no quiero ser mar.

No quiero ser cóndor
que al cielo remonte
su vuelo.
La alondra no puede
volar hasta el cielo,
mas sabe cantar.

¿Su autor? Adivinaron: Nicolás Guillén.

miércoles, 5 de agosto de 2009

CONVERSACIÓN CON NICOLÁS

Así lo tituló Luis Pavón –poeta converso-. Supongo que no estaba en desacuerdo con Nicolás Guillén por su poema “Pasan Días”, pero tampoco coincidía del todo con él. Prefirió el diálogo, su expresión de puntos de vista, presentar su concepción del tiempo y la asociación de éste con la vida escribiendo él –también- un poema.

Creyó así que era mejor la poesía para expresar su desacuerdo que la fuerza o la violencia. Supo que sólo desde la poesía podría escuchar y ser escuchado por el poeta.

Y el tiempo, como objeto de estudio en relación con la vida, se ensancha; lejos de verse reducido, como pareciera y parece hoy ante muchos, ve acrecentado su valor. Nuevas concepciones creativas e impulsoras acerca de él germinan en el corazón de ellos, los poetas para, a su vez, echar raíz en quienes deciden hacer realidad sus metáforas.

Ya bastante empequeñecido han querido hacer ver los financieros y empresarios al tiempo con ello de que el “tiempo es dinero”, o los políticos, al querer que resistamos indefinida, perennemente, una crisis más. O los militares, tomándolo como medida de la capacidad de destrucción de sus nuevas armas.

Sin más preámbulo, los dejo con la “respuesta” de Luis Pavón al poema “Pasan Días”, de Nicolás Guillén.(Por cierto, me olvidaba decir que de lo que apostató nuestro querido Luis Pavón fue de la milicia. Hago votos para que haya más de esas conversiones en nuestro país y el mundo.)


CONVERSACIÓN CON NICOLÁS

Suave galaxia de penumbra grave
corona como el tiempo tu cabeza,
y alguna mariposa sin certeza,
y alguna grave flor de aroma suave.

La palabra, que a ser palabra empieza,
antes que este silencio nos acabe,
viaja por galerías de tristeza
a ritmo de guitarra, orden de clave.

Digamos que la vida sin ser ave
pasa en su vuelo y de pasar no cesa
porque otra cosa que pasar no sabe.

Es la vida, de parca gentileza,
suave galaxia de penumbra grave
que alumbra, como el tiempo, tu cabeza.