Cuando leí el penúltimo artículo de Isaac, me di cuenta que su sentir acerca de las formas de expresión era prácticamente igual al mío. Algo así como ser cosanguíneos en el espíritu.
Pero no sólo su sentir, también su pensar. Ahí más bien quisiera coincidir. No es que piense muy diferente a él. No sé a cuántas tonalidades esté de distancia su pensamiento del mío, pero el estar determinado a hacer las cosas porque ésas son las que nos gustan, ése me parece el ideal a buscar.
Igualmente, su tesis acerca del no buscar el reconocimiento. Lo cual me hizo recordar otro poema que dice:
No quiero la gloria.
La gloria es envidia,
quimeras, engaños e intranquilidad.
Yo ahorraré a la historia
banal, mi memoria.
Más que los aplausos
-engañosa escoria-
amo un cetro augusto:
la tranquilidad.
No quiero que el mundo
corone mi frente.
Yo quiero ser fuente,
no quiero ser mar.
No quiero ser cóndor
que al cielo remonte
su vuelo.
La alondra no puede
volar hasta el cielo,
mas sabe cantar.
¿Su autor? Adivinaron: Nicolás Guillén.


